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Tecnología espacial al rescate de la conservación

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NUEVA DELHI, 19 sep 2016 (IPS) – Todos los años, en noviembre, la playa india de Gahirmatha, sobre el océano Índico, se tiñe de un color café grisáceo durante 60 a 80 días porque alrededor de medio millón de tortugas oliváceas llegan a desovar y dejan unos 100 huevos cada una. Sin embargo, poco se sabe de la ruta migratoria de esa especie en peligro.

El desconocimiento dificulta la posibilidad de tomar medidas para proteger su menguante población de la destrucción de su hábitat, del recalentamiento global y de la pesca de arrastre.

Las libélulas, los escarabajos y los pájaros cantores migratorios pronto podrán estar conectados a satélites espaciales y ayudar a pronosticar desastres naturales, así como la propagación de la zoonósis.

La creciente presión que ejercen el cambio climático, la pérdida de ecosistemas y los delitos contra la fauna y la flora silvestre, que ponen en riesgo la biodiversidad en todo el mundo, llevó a numerosos científicos a recurrir a la tecnología espacial para tratar de paliar la situación.

Las libélulas, los escarabajos y los pájaros cantores migratorios pronto podrán estar conectados a satélites espaciales y ayudar a pronosticar desastres naturales, así como la propagación de la zoonósis, enfermedades que pasan de los animales a los seres humanos, como la gripe porcina y la gripe aviar.

Los radares ayudarán a localizar a los cazadores furtivos mediante sensores infrarrojos, que detectarán los movimientos agitados de los elefantes, por ejemplo. Las cámaras que orbitan en el espacio pueden detectar incluso enfermedades de los cultivos y especies invasoras en sitios de difícil acceso. Lo que parecía ciencia ficción se hizo realidad.

El proyecto de Cooperación Internacional para la Investigación Animal Utilizando el Espacio (Icarus, en inglés), cuya fase de prueba comenzará en 2017, desarrolla sensores alimentados por energía solar, que pesan entre uno y cinco gramos y que se acoplan a pájaros cantores, y hasta a libélulas y escarabajos.

Los datos transmitidos no solo informarán sobre sus movimientos y su posición geográfica, sino que ofrecerán pistas importantes sobre las funciones corporales o los sentidos del animal, además de indicadores significativos sobre desastres naturales inminentes.

Para 2020, los sensores Icarus podrán ser lo suficientemente pequeños como para acoplarse a una langosta, y quizá también sea posible utilizar microsensores para controlar el vuelo del insecto y desviar un enjambre de cultivos valiosos, explicaron investigadores del Instituto de Ornitología Max Planck, de Alemania.

Los especialistas de Icarus precisaron que la vida de las baterías es una gran limitante para rastrear animales pequeños, porque las miniaturas que pueden llevar no duran mucho.

Pero la estación internacional de la agencia espacial rusa Roscosmos, donde se colocará el equipamiento de Icarus, está más cerca de la Tierra que los satélites, lo que permite disminuir la energía necesaria para cargar los datos.

Y para ahorrar más batería, la estación activará el minitransmisor del pájaro, que estará en modo ahorro de energía, solo cuando tenga un contacto visual con el ave en vuelo y le llevara unos pocos segundos transmitir los datos a la estación.

La urgencia de recurrir a otros métodos de patrullaje para controlar la caza furtiva y el comercio ilegal de fauna y flora silvestre, se desprende del Informe Mundial de Delitos contra la Vida Silvestre, de este año.

El documento se elaboró a partir de la plataforma World WISE (World Wildlife Seizures o decomisos de fauna silvestre del mundo), que contiene datos de más de 164.000 incautaciones relacionadas con delitos contra unas 7.000 especies en 120 países, entre 2004 y 2015.

El tráfico de flora y fauna silvestre ahora se reconoce como un área especializada dentro del crimen organizado, además de una gran amenaza contra especies vegetales y animales.

El eje de la 17 Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) será el comercio ilegal. Según el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) de 2016, se estima que esa actividad mueve entre 7.000 millones y 23.000 millones de dólares al año.

La 17 Conferencia de las Partes de Cites se realizará del 24 de este mes al 5 de octubre en Johannesburgo.

Como los cazadores furtivos usan tecnología cada vez más sofisticada, los guardaparques deben estar a la altura y equiparse. Cuando avanzan para matar, los elefantes y los rinocerontes suelen comportarse de forma inusual. Los sensores animales ayudan a detectar ese comportamiento y envian alertas a los responsables de la seguridad, dándoles tiempo para reaccionar.

Otras constelaciones (10 o más) de alta resolución de satélites radar, a diferencia de los satélites ópticos para observar la Tierra, son los suficientemente poderosas como para penetrar la densa cubierta forestal, las nubes y la oscuridad de la noche, que ayudan a camuflar a los cazadores furtivos, aseguraron los especialistas.

Los sensores infrarrojos adjuntados a los drones, controlados por el sistema de posicionamiento global (GPS), también ayudan a detectar hogueras o cuerpos calientes escondidos en la selva africana, añadieron.

Ya hay satélites avanzados controlando la tala ilegal, el avance de la deforestación y hasta la humedad del suelo.

Fuente: www.ipsnoticias.net

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